El escultor, Ernesto Aladro continúa afianzando su trayectoria como una de las voces más personales y reconocibles dentro de la escultura figurativa contemporánea en España. Su obra, profundamente centrada en el estudio del cuerpo humano, trasciende lo meramente estético para adentrarse en una búsqueda constante de lo atemporal, eliminando cualquier elemento que sitúe al espectador en una época concreta.
Especializado en el desnudo y el movimiento, Aladro logra “decir mucho con muy poco”, capturando instantes suspendidos en el tiempo. En sus esculturas, las telas fluyen con naturalidad, los gestos parecen congelados en un equilibrio perfecto, y el cuerpo humano se convierte en el verdadero protagonista, libre de referencias externas como la vestimenta, relojes o accesorios que puedan condicionar su lectura temporal. Su intención es clara: crear obras que existan fuera del tiempo, universales y permanentes.
Para dar forma a este lenguaje artístico, emplea materiales nobles como la madera, el bronce y el barro, combinándolos en ocasiones con metales preciosos como la plata, el oro blanco o el rodio, así como con piedras de alta calidad como zafiros, diamantes y esmeraldas. Esta fusión de tradición y sofisticación aporta a sus piezas una dimensión única, donde la técnica y la sensibilidad artística conviven en equilibrio.
Uno de los pilares fundamentales de su proceso creativo es la técnica de la fundición a la cera perdida, un método milenario que permite alcanzar un alto nivel de detalle y precisión. El proceso comienza con el modelado inicial, habitualmente en plastilina o barro, donde el artista da forma a la obra con total libertad. A partir de ahí, se crea un molde que posteriormente se rellena con cera, reproduciendo fielmente la escultura original. Esta figura en cera se recubre con un material refractario que, al calentarse, permite que la cera se derrita y deje un espacio vacío en su interior. Es en ese hueco donde se vierte el metal fundido, generalmente bronce, que al enfriarse da lugar a la pieza definitiva. Este procedimiento no solo garantiza la fidelidad al modelo original, sino que también convierte cada obra en una pieza prácticamente única.
La vocación de Ernesto Aladro por la escultura se remonta a su infancia, cuando ya modelaba figuras con plastilina en la guardería. Esa inclinación natural hacia el arte se consolidó años más tarde con su formación en la Escuela de Artes Aplicadas de Sevilla, donde comenzó a desarrollar un lenguaje propio que hoy define su obra. Firme defensor de que “el artista nace y no se hace”, Aladro entiende la creación como un don que se perfecciona, pero que tiene un origen innato.
A lo largo de su carrera, ha presentado su obra en distintos espacios expositivos de relevancia, como la Galería David Puentes en Sevilla, la Galería Infantas en Madrid, el Casino Jerezano en Jerez de la Frontera o el Palacio de la Algaba en Sevilla, entre otros.
Con una trayectoria sólida y una identidad artística claramente definida, Ernesto Aladro se consolida como una figura clave en la escultura contemporánea española, capaz de emocionar y conectar con el espectador a través de la pureza de la forma y la ausencia de tiempo.